| Fulgores de Dios |
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| Capítulo 3 - Dios es tres Personas |
Los escritores bíblicos indican que Dios es Uno y que hay tres Personas que son
Dios. Aunque la doctrina de la Trinidad no está explícitamente afirmada en ella,
la Escritura contiene tantas referencias a un Dios en tres Personas que podemos
comprender por qué los cristianos la creen, y que tenemos derecho de hacerlo. El
cristianismo es la única gran religión del mundo que hace esta clase de
afirmación acerca de Dios; es una de nuestras creencias realmente distintivas.
La Biblia es la única fuente de conocimiento acerca de la Trinidad, y es la
convicción de los cristianos que así se ha revelado Dios en su Palabra.
Comprender esta verdad es vital, porque identifica quién es Dios y cómo actúa.
Hay tres tipos de
evidencias separadas pero interrelacionadas acerca de la
triunidad de Dios en la Escritura: 1)
indicaciones de ser Tres en Uno; 2) evidencia de que hay tres Personas que son
Dios, la Deidad de las Tres; y 3) hay solo un Dios.
1.
Cualidad de ser Tres en Uno
La perspectiva está sugerida por lenguaje y gramática que intrigan en la lengua
original de la Escritura:
La forma plural del
sustantivo para Dios es
Elohim, que es un plural de cantidad.
Aunque no define numéricamente la pluralidad divina, sugiere más que una
Persona divina. Por ejemplo: "Hagamos
al hombre a
nuestra
imagen"; no dice: "Haré un hombre a mi imagen". En este texto, el plural aparece
tanto en el verbo "hagamos" como en el sufijo posesivo que aparece en la palabra
"nuestra" (Génesis 1:26; el énfasis fue añadido).
[i]
La misma forma aparece en la construcción
de la Torre de Babel después del diluvio, cuando Dios habla otra vez: "Descendamos,
y confundamos allí su lengua" (Génesis 11:7; el énfasis fue añadido).
*
El paralelismo en
Génesis 1:27 también es importante:
"Y creó Dios al hombre a su imagen,
a imagen de Dios lo creó;
varón y hembra los creó".
La imagen de Dios está reflejada en los seres humanos mediante la creación de un
hombre y una mujer (plural). Los dos géneros específicos transmiten la
pluralidad de la naturaleza divina, a cuya imagen fue creada la humanidad. La
raza humana está compuesta tanto por machos como por hembras, lo que implica que
la imagen de Dios también consiste en una pluralidad.
*
En Génesis 2:24, el
hombre y la mujer recién creados han de llegar a ser uno
('ejad). Otra vez, se habla de una unión
de dos entidades separadas. Hay dos palabras para
uno en hebreo: 1)
yajid, que significa "único" o
"singular", como un hijo único (Génesis 22:2) y un niño único (Proverbios 4:3;
Zacarías 12:10), y 2) 'ejad,
que significa una unidad de más de uno, tal como "dejará el hombre a su padre y
a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24). En
forma significativa, la misma palabra 'ejad
se usa al referirse a Dios en Deuteronomio 6:4: "Jehová nuestro Dios, Jehová uno
('ejad) es", hablando de la naturaleza
singular de Dios como una unidad en vez de un solo ser. La palabra hebrea
yajid no se usa en Deuteronomio 6:4
cuando se afirma la unidad de Dios de Personas separadas.
*
En su visión del
Santuario celestial, Isaías oye hablar a Jehová: "¿A quién enviaré (singular), y
quién irá por nosotros (plural)? (Isa. 6:8). La primera pregunta usa el
pronombre singular mientras que la segunda, notablemente, lo usa en plural.
*
Otras referencias en el
Antiguo Testamento también implican una pluralidad divina. Salmo 45:6 y 7
menciona a Dios, y tu Dios. El Salmo 110 menciona: "Jehová dijo a mi Señor".
[ii] Proverbios
30:1 al 4 apoya la idea de que Dios tiene un hijo:
Palabras de Agur, hijo de Jaqué; la profecía
que dijo el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal.
Ciertamente más rudo soy yo que ninguno,
ni tengo entendimiento de hombre.
Yo ni aprendí sabiduría,
ni conozco la ciencia del Santo.
¿Quién subió al cielo, y descendió?
¿Quién encerró los vientos en sus puños?
¿Quién ató las aguas en un paño?
¿Quién afirmó todos los
términos de la tierra?
¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
[iii]
Isaías 48:16 también supone la compleja unidad de Dios: "Acercaos a mí, oíd
esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba
yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu". Malaquías afirma: "He
aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá
súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto,
a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos"
(Malaquías 3:1).
Tres Personas divinas están vinculadas en unidad y aparente igualdad en el
Nuevo Testamento. En el bautismo de Jesús, las tres personas de la Deidad
estuvieron presentes (Mateo 3:16,17). Jesús relaciona la realización de sus
milagros con el poder del Espíritu de Dios e indica que esto es evidencia de que
el Reino de Dios ha llegado (Mateo 12:28). En su discurso con Nicodemo, Jesús
recuerda que el único camino al Reino de Dios es nacer del Espíritu y la fe en
el Hijo que el Padre ha enviado para ser "levantado" en una muerte como
sacrificio (Juan 3:8, 14, 15).
Jesús también describe la
salvación como la acción combinada del Dios Triuno: el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo, juntos. Son los garantes del evangelio. En algunas de sus
instrucciones finales a sus seguidores, Jesús les dice que bauticen en el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:18-20). La palabra
nombre es singular, pero es seguida por
la identificación de tres Personas.
El gran sermón de Pedro en Pentecostés incluye tres seres divinos:
"Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la
promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís".
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para
perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:33,
38).
Pedro comenzó su primera carta dirigiéndose a los lectores como elegidos "según
la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser
rociados con la sangre de Jesucristo" (1 Pedro 1:2).
Pablo a menudo comienza o concluye sus epístolas con una triple doxología. Por
ejemplo: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del
Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Corintios 13:14). Él también
relaciona la obra de la salvación con las tres Personas divinas: "Dios es el que
nos mantiene firmes en Cristo, tanto a nosotros como a ustedes. Él nos ungió,
nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como
garantía de sus promesas" (2 Corintios 1:21, 22; Nueva Versión Internacional
[NVI]).
Otra sutil indicación de la perspectiva trinitaria de Pablo es la manera en que
organiza algunas de sus cartas: tanto la forma como el contenido comunican su
creencia en la Trinidad. Por ejemplo, en el libro a los Romanos: El juicio de
Dios sobre todos (1:18-3:20); justificación mediante la fe en Cristo (3:21-8:1);
vida en el Espíritu (8:2-30). Porciones de Gálatas exhiben un modelo similar:
Dios (3:20); Jesús (3:26-4:11); el Espíritu Santo (5:16-25). Algo parecido se
encuentra también en 1 Corintios. Es evidente que la Trinidad es una parte
importante del concepto que tiene Pablo de Dios.
Los escritores de otras epístolas están de acuerdo. Judas ruega a sus lectores:
"edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor
Jesucristo para vida eterna (versículos 20, 21).
Judas fue un hermanastro de Jesús. Los evangelios sugieren que los hermanastros
de Jesús por momentos se burlaban de él, no creyendo su pretensión acerca de sí
mismo. Pero, después de la resurrección, aparentemente aceptaron plenamente a
Jesús como el Hijo de Dios, como muestra el libro de Judas.
En el cuarto Evangelio, se
encuentran marcadas evidencias de una Trinidad coigual. El prólogo del Evangelio
de Juan (Juan 1) contiene un material rico en significado para la doctrina. La
dinámica interna del Dios
triuno se observa repetidamente. El Hijo
es enviado por el Padre (14:24) y sale de él (16:28). El Espíritu es dado por el
Padre (14:16), es enviado del Padre (14:26), y procede del Padre (15:26); el
Hijo está estrechamente vinculado con el Espíritu (14:26); el Padre envía al
Espíritu en el nombre del Hijo (14:26); el Hijo enviará al Espíritu del Padre
(15:26); el Hijo debe irse para que pueda enviar al Espíritu (16:7). El
ministerio del Espíritu se entiende como una continuación y ampliación del
ministerio del Hijo. Él recordará lo que dijo el Hijo (14:26); dará testimonio
del Hijo (15:26); declarará lo que oiga del Hijo, y así glorificará al Hijo
(16:13,14). Y este prolongado discurso procedió de Jesús directamente.
En todo el Nuevo
Testamento, no se sugiere ninguna jerarquía, ni subordinación, ni desigualdad
entre los Tres. Sus nombres pueden aparecer en un orden diferente. Además, si
Dios fuera solo una persona, no podría indicarse "que Dios envía y es enviado
(3:16); tampoco que Dios podía hacer expiación y recibirla; ni que Dios pudiera
rechazar el pecado y ofrecer un sacrificio por él".
[iv]
2. La divinidad de los tres
Además de estas afirmaciones bíblicas acerca de Dios, otros textos presentan
tres Personas que son Dios.
La divinidad del Padre difícilmente esté en discusión. Jesús se refiere al Padre
como Dios. Menciona que "vuestro Padre celestial las alimenta [a las aves del
cielo]" (Mateo 6:26) y que Dios viste "la hierba del campo" (versículo 30).
Jesús luego nos asegura que "vuestro Padre celestial sabe" lo que necesitamos
(versículo 32). Jesús usa los términos "Dios" y "vuestro Padre celestial" en
forma intercambiable.
La Escritura se refiere a Jesús como Dios. Una referencia importante a la
divinidad de Cristo se encuentra en Filipenses 2. Allí Pablo habla de Jesús como
"siendo por naturaleza Dios" (versículo 6, NVI). En Colosenses 2:9, Pablo
escribe que Jesús tenía en sí mismo "corporalmente toda la plenitud de la
Deidad". Para Pablo, un judío ortodoxo adiestrado en el judaísmo estrictamente
monoteísta, estas son declaraciones asombrosas, lo que señala un compromiso
absoluto con la plena divinidad de Cristo.
El libro a los Hebreos, escrito principalmente a los cristianos de origen
hebreo, que también serían monoteístas, incluye varias declaraciones que
implican con fuerza la plena divinidad del Hijo; por ejemplo, Jesús es el Sumo
Sacerdote e Hijo de Dios (4:14). El Evangelio de Juan se abre con una sólida
declaración de que "el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1).
La consciencia propia de Jesús es vital. Aunque Jesús rara vez afirma
abiertamente su divinidad, los cuatro evangelios incluyen evidencias de que así
es como él se comprendía a sí mismo. Pretende lo que pertenece solamente a Dios.
Por ejemplo, habla de los ángeles de Dios (Lucas 12:8,9; 15:10) como sus ángeles
(Mateo 13:41). El Reino de Dios (Mateo 12:28; 19:14, 24; 21:31, 43) y los
escogidos de Dios (Marcos 13:20) son suyos. Pretende perdonar pecados (Marcos
2:8-10). Los judíos sabían de esa prerrogativa divina; por eso acusaron a Jesús
de blasfemia. Jesús también pretende ser el Juez (Mateo 25:31-33) y gobernar el
mundo (Mateo 24:30; Marcos 14:62).
La acusación presentada contra él bajo juramento en su juicio incluye sus
pretensiones de ser el Hijo de Dios (Juan 19:7; Mateo 26:63-65). Esta hubiera
sido una oportunidad vital para que Jesús corrigiera cualquier impresión
equivocada, pero no lo hace. En cambio, afirma su divinidad y responde a la
acusación, y repite su condición divina: "Desde ahora veréis al Hijo del Hombre
sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo"
(Mateo 26:63-65). El sumo sacerdote reconoce la afirmación y acusa a Jesús de
blasfemia. Después de su resurrección, cuando Tomás se dirige a él como "¡Señor
mío, y Dios mío!", Jesús no rechaza el título ni la adoración (Juan 20:28, 29).
Hay también referencias bíblicas que identifican al Espíritu Santo como Dios,
tales como los pasajes que se refieren al Espíritu Santo en forma
intercambiable con referencias a Dios (Hechos 5:3, 4). El tercer miembro de la
Deidad también tiene agregado regularmente el título "Santo".
El ángel le dice a María que su hijo será llamado santo, porque el Espíritu
Santo vendrá sobre ella (Lucas 1:35). El Espíritu Santo unge a Jesús después de
su bautismo, al comienzo de su ministerio público (Lucas 4:18). Jesús declara
que él echa fuera demonios con el Espíritu Santo (Mateo 12:28). Promete el
Espíritu Santo y luego lo da a sus discípulos, ungiéndolos para el ministerio
(Juan 20:22).
En las directivas que Jesús les da a los discípulos antes de su ascensión, el
Espíritu Santo está incluido sobre una base igual a Dios el Padre y a Dios el
Hijo, y el Espíritu Santo está prometido con magnífica plenitud: "Recibiréis
poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos
[...] hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8). Esta promesa se cumple en
Pentecostés: "Fueron todos llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2:4).
Se describe que el Espíritu Santo testifica de Jesús y lo glorifica, un
ministerio central del Paracleto (Juan 16:7-15; Romanos 8:15-17; Gálatas 4:6).
El Espíritu también ilumina (Efesios 1:17,18), regenera (Juan 3:5-8), conduce a
la santidad (Romanos 8:14; Gálatas 5:16-18), transforma (2 Corintios 3:18;
Gálatas 5:22, 23), da certeza (Romanos 8:16) y otorga dones a los creyentes para
la obra del ministerio (1 Corintios 12:4-11). Toda la obra salvadora y
restauradora al tocar nuestros corazones, nuestros caracteres y nuestra conducta
es hecha por el Espíritu, lo que también es atribuido al Padre y al Hijo.
Jesús se refiere al
Espíritu Santo como "él" (por ejemplo, Juan 14:25, 26; 16:7, 8, 13, 14), al que
se debe obedecer, amar y adorar junto con el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo
tiene las cualidades de una Persona: piensa (Romanos 8:27); y tiene inteligencia
(1 Corintios 2:10, 11); siente (Efesios 4:30); decide (Hechos 13:2). El Espíritu
Santo también actúa como una Persona: guía (Juan 16:13); convence (Juan 16:8);
actúa (Hechos 8:39,40); ora (Romanos 8:26, 27); escudriña (1 Corintios 2:10);
prohíbe (Hechos 16:6, 7); habla (Hechos 8:29); ama (Romanos 15:30). De este
modo, no puede ser meramente un poder o una fuerza abstractos. Elena de White
identifica la Deidad como "los dignatarios celestiales eternos: Dios, y Cristo,
y el Espíritu Santo".
[v] ¿Por qué,
entonces, el cristianismo ha sido ciertamente monoteísta?
3. Hay un Dios
La religión de los antiguos
hebreos era estrictamente monoteísta (creían en un solo Dios) y sigue siendo así
hasta hoy. Esto se expresaba de diferentes maneras en momentos distintos del
Antiguo Testamento. Por ejemplo, los Diez Mandamientos comienzan con la
afirmación: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa
de servidumbre" (Éxodo 20:2). El primer Mandamiento, que prohíbe la idolatría,
habla de Dios en singular: "No tendrás dioses ajenos delante de
mí" (versículo 3; el énfasis fue
añadido); el segundo Mandamiento hace lo mismo: "Yo soy Jehová tu Dios, fuerte,
celoso" (versículo 5). A través de todo el Antiguo Testamento, es claro que hay
solo un Dios, no muchos:
"Además dijo Dios a Moisés:
Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es
mi nombre para siempre; con él se
me recordará por todos los siglos"
(Éxodo 3:15; el énfasis fue añadido).
La
Shemá, de Deuteronomio 6, una afirmación
declarativa e indicativa acerca de la unidad de Dios,
[vi] es una verdad
fundamental acerca de Dios con la que el pueblo de Israel siempre se
comprometió: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (versículo 4). El
capítulo anterior, que incluye la repetición del Decálogo, comienza del mismo
modo: "Oye, Israel [...] Jehová nuestro Dios" (Deuteronomio 5:1, 2). El capítulo
4 también presenta la misma exclamación: "Jehová es Dios [...] y no hay otro"
(4:39). Otros dos pasajes (Deuteronomio 11:13-21; Números 15:37-41) proclaman lo
mismo, y todavía se los pronuncia al comenzar el culto de adoración judío el
sábado por la mañana en la sinagoga. Curiosamente, en el lenguaje original, la
afirmación declarativa enumera tres nombres para Dios, omitiendo el verbo "es":
"Oye Israel, Jehová, Dios nuestro, Jehová uno". Aunque las naciones de alrededor
de Israel eran politeístas, Israel recibió instrucciones de que su Dios era
distintivo.
Deuteronomio 6:5 sigue con una invitación que Jesús más tarde repite en el Nuevo
Testamento, referida al único Dios: "Y amarás a Jehová tu Dios, de todo tu
corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas".
Santiago felicita la creencia en un solo Dios en el Nuevo Testamento: "Tú crees
que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan" (Santiago
2:19). Pablo también insiste en que hay solamente un Dios: "Sabemos que un ídolo
nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios [...] el Padre, del cual
proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor Jesucristo, por
medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él" (1 Corintios
8:4, 6).
La enseñanza del Dios en
tres Personas satura las Escrituras. Siendo que algunos cristianos prefieren
hablar de la Deidad en términos bíblicos, Phillip Cary ha identificado siete
útiles proposiciones claves de una teología trinitaria por las que se puede
resumir el lenguaje
triuno de la Biblia sin usar palabras no
bíblicas. Las primeras tres proposiciones "confiesan el nombre del Dios triuno".
Es decir, 1) el Padre es Dios, 2) el Hijo es Dios y 3) el Espíritu Santo es
Dios. Las siguientes tres declaraciones "indican que estos tres no son solo
tres nombres para lo mismo": 4) el Padre no es el Hijo, 5) el Hijo no es el
Espíritu, 6) el Espíritu Santo no es el Padre. Finalmente, Cary presenta el
"cierre, que le da a la doctrina su lógica distintiva": 7) Hay solo un Dios.
"Estas siete afirmaciones son suficientes para formular la doctrina de la
Trinidad, para dar el esqueleto de lo que dice la doctrina, y expone su
estructura lógica básica. Las peculiaridades lógicas de la doctrina surgen de la
interacción de estas siete proposiciones".
[vii]
Conclusión
La Biblia es la única
fuente de conocimiento acerca de la Santa Trinidad. Y, a través de todas sus
páginas, aprendemos que Dios no es una Persona que se revela a sí misma en
diferentes papeles o funciones en momentos diferentes: eso sería "modalismo". Ni
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres dioses en un racimo, lo que sería
triteísmo o politeísmo. El Dios uno "Él" es también "Ellos", y actúan los Tres
juntos íntimamente. El Espíritu Santo, el Hijo y el Padre no son tres actores
separados, cada uno con su libreto separado. Nunca planean o hacen guerra entre
sí como hacía el panteón olímpico de dioses. Ni tampoco actúan en forma
independiente uno de otro. La Deidad comparte un propósito y una voluntad. La
doctrina del Dios
triuno requiere dar igual honor a las
tres Personas divinas en su peculiar ministerio de gracia.
Aunque la palabra
trinidad
[viii] no se
encuentra en la Escritura, la doctrina del Dios en tres Personas se encuentra
en ella en todas partes, como ya vimos. ¿Es fácil de comprender? No, pero así es
como Dios se ha revelado. Como aconseja un eclesiástico del siglo V:
"Investigar la unidad de la Trinidad, del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: en
ninguna parte el error es más peligroso, la búsqueda más laboriosa y los
resultados más gratificantes".
[ix] No debemos
atrevernos a alejarnos de esta revelación de Dios acerca de sí mismo. Agustín
nos advierte: "Todo aquel que niega la Trinidad está en peligro de perder su
salvación; quienquiera que trate de comprender la Trinidad está en peligro de
perder su mente".
[x]
Esta es la verdad acerca de sí mismo que Dios ha revelado a través de toda la
Biblia, que Jesús mismo enfatiza. Cada doctrina bíblica puede trazarse hasta la
Deidad. Por ejemplo, la "unicidad" del matrimonio humano puede ser informada por
la "unicidad" de Dios, con su amor, afecto y preocupación. Seres separados
puede« unirse en un simple todo. Una persona sola no puede ser una "unidad". La
Trinidad no es una idea abstracta sino una "comunidad" o "familia" amante y
dinámica, de compañerismo íntimo.
Toda la Trinidad está involucrada en la salvación. Está en el centro de ella.
Jesús no tiene que rogar al Padre que perdone, como le insistió a Nicodemo: "De
tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito" (Juan 3:16).
Jesús también insiste: "Yo y el Padre uno somos".
[i]
Cuando Dios dijo "Hagamos", indica más de una Persona. Elohim no
es un plural de majestad, como cuando un rey (singular) dice: "Le
otorgamos ese privilegio", porque ningún rey habla así en las
Escrituras. No debemos leer en las Escrituras prácticas culturales
posteriores. George A. Knight nos dice que decir que las Escrituras
contienen plural de majestad "es leer en el hebreo una manera moderna de
pensar. Los reyes de Israel y de Judá todos hablan en singular en
nuestros registros bíblicos, y se les habla también en singular" (George
A. F. Knight, A Biblical Approach to the Doctrine of the Trinity
[Edinburgo: Oliver and James, 1953], p. 20).
[ii]
"Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el
cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por
tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleos de alegría más que
a tus compañeros" (Salmo 45:6, 7; el énfasis fue añadido). "Jehová
dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus
enemigos por estrado de tus pies" (Salmo 110:1; el énfasis fue añadido).
[iii]
El
énfasis fue añadido
[iv]
Thomas Oden, The Word of Life (San Francisco: Harper & Row,
1989), p. 77; cf. Hilary of Poitiers, The Trinity, NPNF
segunda serie
(Peabody, Mass.: Hendrickson, 1994), t. 9: pp. 38-42, 167-170.
[v]
Elena de White, Manuscrito 145, 1901.
[vi]
Peter Craigie es útil en relación con esta idea: "La Shemá
expresa no solo la singularidad sino también la unidad de
Dios. Como un Dios (o "el singular"), cuando habló no había otro para
contradecirlo; cuando prometió, no había otro para revocar esa promesa;
cuando amonestó, no había otro para proveer un refugio contra la
amonestación. Él no era meramente el primero entre los dioses, como Baal
en el panteón cananeo, Amon-Ra en Egipto, o Marduk en Babilonia; él era
el único y solo Dios" (Peter C. Craigie,
The
New International
Commentary
of the
Old Testament:
Deuteronomy
[Grand Rapids, Mich201121021asdf.: Eerdmans, 1976], p. 169.
[vii]
Phillip Cary, "The Logic of Trinitarian Doctrine [Parte 1]", p. 2.
[viii]
La palabra
trinidad es
una contracción de
triunidad.
[ix]
Aurelius Agustín,
De Trinitate,
1.3.5.